Columna de opinión

La planificación es un trabajo gerencial por definición que tiene que tener en cuenta todos los factores que se ponen en juego en la empresa lechera a la hora de producir.
Este trabajo se da en diferentes niveles, en el estratégico y el operativo. La planificación de tipo estratégica implica definir con claridad adónde vamos con nuestro sistema, que objetivos nos planteamos para el corto y el largo plazo, cuales son las capacidades particulares que poseemos y pondremos en juego, y otros temas que hacen al horizonte de nuestro proyecto.
Hay otra planificación que es de tipo operativo y es la que baja a los detalles concretos del quién, cómo y cuándo se implementarán los planes arriba citados. Es la etapa decisiva que termina en la ejecución final y hace de puente entre los deseos y las posibilidades reales a todo nivel.
Los elementos centrales en el proceso de planificación son la base de todo sistema operativo: los objetivos, los recursos, los procesos y las personas. En cada uno de ellos se ve reflejada la situación por la que atraviesa la empresa:
Qué objetivos y metas se plantea, qué tan realistas son, en qué medida contemplan sus posibilidades reales y qué expectativa existe sobre su concreción. 
Con qué recursos piensa afrontar los procesos productivos y si cuenta con la maquinaria, la estructura, la alimentación y otros elementos para suponer metas ambiciosas.
Cuáles son aquellos procesos en los que tiene mayor margen de progreso y debe ajustar, partiendo de la premisa que en un sistema todos los procesos tienen relación entre sí y se condicionan mutuamente (producción, reproducción, alimentación, etc.) 
Finalmente si cuenta con un equipo de trabajo con capacidad acorde y un nivel de compromiso que permita una delegación confiada
Del juego y la dinámica que se desarrolle entre estos elementos se definen los resultados posibles, de que exista consistencia entre lo que queremos obtener, los medios que disponemos y la forma de implementar los planes. 
PLANIFICACION INTEGRAL
La diferencia entre lo planificado y aquello a lograr es la brecha sobre la que hay que trabajar desde el principio. No es solamente para considerar al evaluar al final de ciclo, todo plan se articula y se hace viable en primer lugar al definir como se implementan las cosas. 
Si bien la ejecución es la etapa definitoria, el último paso, muchas veces suele estar condicionada por malos diseños o por deficiente cantidad de recursos. Ser realistas desde el principio si bien puede ser doloroso ahorra disgustos de mayor impacto en el tiempo. 
Pensar y planificar de manera integral implica mirar el programa de trabajo propuesto desde cuatro puntos de vista diferentes pero complementarios.
Esos puntos de vista o estilos son:
Los que ponen énfasis en los fríos resultados esperados, las cifras y números con que se miden las cosas, con una lógica bien realista y de expectativas concretas.
Aquellos que consideran como primordial las etapas y secuencias que hay que prever, el orden en que se hacen las cosas, el cuidado de los detalles y el plan paso a paso.
La que pone en primer plano al rol de las personas, su nivel de participación y motivación, la manera que las relaciones personales favorecen o perjudican el trabajo del equipo.
La que por encima de las partes tiene en cuenta el horizonte del trabajo que se hace, adonde va a parar el esfuerzo de hoy y el beneficio integral del proyecto completo.
En otras palabras un plan completo tiene: realidades y números, etapas y pasos a cumplir, personas y equipos motivados y un sentido integral de concreción. Si carecemos de alguno de estos elementos corremos el riesgo de quedarnos a mitad de camino.

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